El “cambio climático” ha colocado a toda la humanidad frente a una gran disyuntiva: continuar por el camino del capitalismo y la muerte, o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida. La humanidad es capaz de salvar al planeta si recupera los principios de la solidaridad, la complementariedad y la armonía con la naturaleza, en contraposición al imperio de la competencia, la ganancia y el consumismo de los recursos naturales. (leer todo).
El rescate de los bancos y aseguradoras privadas realizado en septiembre-octubre de 2008 constituye una elección política fuerte que no tenía nada de ineludible y que ancla al futuro en varios niveles decisivos. (leer todo).
Las dimensiones excepcionales de la actual crisis financiera, las formas particulares como ésta se ha manifestado, así como el impacto que ya está teniendo en la economía real, saca a la luz algunos de los rasgos más contradictorios del actual capitalismo neoliberal. El tema no es –como superficialmente lo plantea cierta corriente nostálgica de la socialdemocracia- si esto marca un “retorno del péndulo”, como si fuera posible volver a los regímenes de Estados de bienestar e intervención de cuarenta años atrás. Son igualmente apresuradas las conclusiones –como la del prestigiado señor Stiglitz- que dan por sentada la muerte del neoliberalismo. La crisis por sí misma no garantiza nada: ni la derrota del neoliberalismo ni mucho menos la caída del capitalismo ¿Acaso no podría traer más bien una involución neofacista y autoritaria? Lo cierto es que ese tipo de razonamientos incurren en un rasgo típico del pensamiento pre-científico: simplemente mitifican la crisis y la imaginan dotada de poderes mágicos. (leer todo).