La resistencia frente a la minería metálica en El Salvador

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El actual movimiento contra la minería metálica en El Salvador es la alianza socio-ambientalista más diversa que se ha visto en años recientes, pues desde la lucha contra la deforestación de la Finca El Espino, en la década de 1990, no se había presentado un movimiento ciudadano igulmente amplio en torno a un asunto ambiental particular.

De modo que la lucha contra la minería metálica es un buen indicador sobre las coincidencias entre una parte del ambientalismo salvadoreño, el movimiento social popular más amplio y un sector de ONGés comprometidas con las luchas populares en distintos temas.

Esta lucha que está llena de episodios interesantes, épicos, aleccionadores y también de momentos dolorosos: el movimiento salvadoreño de oposición a la minería ha sufrido el asesinato de tres de sus líderes y activistas en el Departamento de Cabañas. Aquí ofrecemos una breve historia del movimiento, enfocándonos en sus aspectos organizativos.

Igual que muchos países latinoamericanos, El Salvador se encuentra en la mira de las compañías mineras transnacionales, especialmente canadienses. Por varias décadas no se realizaron en el país actividades de exploración o explotación de minerales metálicos, pero en el año 1996 se aprobó una Ley de Minería con nuevos incentivos para los inversionistas extranjeros. Así, hasta el año 2007 se habían otorgado casi 30 licencias para exploración de oro y plata. Conforme avanzaron las exploraciones, comenzó a gestarse la inquietud por los efectos sociales y ambientales de esta actividad, y en el año 2005 ya se podían reconocer dos focos de resistencia frente a la minería: uno en el Departamento de Chalatenango y otro en el Departamento de Cabañas.

Este movimiento de raíz local ha estado apoyado por una alianza de ONGés bastante diversa: se pueden encontrar allí organizaciones ambientalistas, un centro de estudios vinculado al movimiento popular, una organazación para la promoción y defensa de los derechos humanos, sectores religiosos, organizaciones de apoyo a la economía popular. Juntas --las organizaciones de base y las ONG-- forman la Mesa Nacional Frente a la Minería Metálica. Gracias a la constitución de la Mesa, en el año 2006, el movimiento a podido tener una presencia permanente en la esfera pública nacional, es decir, en los medios de comunicación y otros foros de animación de las luchas populares. Uno de los logros más importantes del movimiento ha sido frenar la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental para el proyecto El Dorado, en el Departamento de Cabañas. Debido a ello la empresa canadiense dueña del proyecto, Pacific Rim, suspendió actividades en el año 2008 y meses después presentó una demanda contra el Estado Salvadoreño, por medio de una filial suya en los Estados Unidos, y amparándose en el TLC con este país.

La resistencia contra la minería en Chalatenango y Cabañas

En Chalatenango la movilización popular fue rápida y efectiva, porque las mineras llegaron a una parte del departamento con una larga tradición de lucha y organización. Todo comenzó en San José Las Flores, una comunidad que como otras de la zona sobrevivió al acoso del ejército, que buscaba despoblar la zona para quitar apoyo al movimiento revolucionario. En el segundo semestre del 2005, algunos pobladores conocieron la presencia de trabajadores ajenos a la comunidad, y al indagar los motivos de su presencia pusieron en alerta a los líderes comunales y municipales. En cuestión de dos meses la población estaba informada no sólo de la situación, también de los riesgos de la minería, gracias a los contactos de las organizaciones locales con redes nacionales e internacionales. Pero lo que más inquietó a la comunidad, en palabras de uno de sus líderes, es que “cabal la zona que ellos tienen detectada es tierra que para nosotros está bañada con sangre, y sangre de gente heroica que murió para que nosotros tuviéramos un pedazo de tierra. Vender esta tierra es traicionar esa gente”.

De modo que un lunes de septiembre del año 2005, casi un centenar de pobladores de San José Las Flores y Guarjila fueron a detener las actividades de la empresa. Los empleados de la minera, que no son de la zona, recogieron los equipos de perforación y se marcharon. Un par de ejecutivos llegaron después a reunirse con líderes comunales y del gobierno municipal de Las Flores, pero la población volvió a exigir que se suspendieran los trabajos de exploración. Como las actividades de exploración continuaron, la población respondió con una concentración más grande, movilizando habitantes de varias comunidades, alcaldes y concejales, y a representantes de varias organizaciones y gremios de la zona. Otra vez los ingenieros y trabajadores tuvieron que irse, expulsados y advertidos de la firme determinación de los lugareños. Desde entonces, la empresa dueña del proyecto, declaró finalizada la “primera etapa” de sus exploraciones, y ha intentado vender la concesión, sin haberlo conseguido.

En el Departamento de Cabañas el movimiento de rechazo a la minería comienza en el año 2004, con la formación del Comité Ambiental en Defensa del Agua y la Cultura, que nace en el municipio de San Isidro, donde Pacific Rim realizaba sus exploraciones. Desde su fundación, el Comité ha tenido como principal aliada a la Asociación de Desarrollo Económico de Santa Marta (ADES), organización que nació en Santa Marta, otro asentamiento de repobladores y repatriados. Con el paso de los años, ADES amplió sus actividades a varios municipios del Departamento. Otra organización que se sumó con mucha intensidad a la lucha, a partir del año 2007, fue la Asociación Amigos de San Isidro Cabañas (ASIC), fundada en el año 2006.

Cuando surge el Comité Ambiental la compañía minera tenía ya dos años de haber retomado las exploraciones, que venían realizándose desde la década de 1990. Además, la contratación de personas en el municipio de San Isidro le sirvió a la empresa para contar con una base social de apoyo. En junio de 2008, cuando la minera informó que suspendía actividades en el país, decía contar con casi 270 empleados en todo El Salvador. Pacific Rim se apoyó en prácticas clientelistas para ganar apoyo entre los Alcaldes, algunos líderes de iglesias y organizaciones comunales, las llamadas Asociaciones de Desarrollo.

Debe tomarse en cuenta que se trata de una región con escasa tradición organizativa y una cultura política conservadora. Por otra parte, el recuerdo de la guerra contribuye al temor de que la protesta social derive en violencia política, alejando a muchas personas de toda forma de participación y organización. Además, como sucede con frecuencia en El Salvador, el movimiento recibía simpatía y apoyo por parte de las bases y dirigentes locales del partido FMLN, por lo que había quienes pensaba “es cosa del Frente, que solamente es por llevarle la contraria al gobierno”, según testimonio de una integrante del Comité Ambiental.

En síntesis, el movimiento contra la minería en Cabañas ha debido sobreponerse a un contexto ideológico desfavorable. Sin embargo, en el año 2008 comenzaron a verificarse los primeros efectos ambientales de la minería, todavía en la etapa de exploración. Resultó que decenas de pozos comenzaron a secarse en los municipios de San Isidro, Guacotecti y Sensuntepeque. Además, la falta de agua comenzó a afectar finqueros tradicionalmente favorables al partido. La inconformidad de estas personas era palpable y llegó hasta los medios de comunicación “han encementado las perforaciones que hicieron con la esperanza que las aguas lluvias llenen los huecos y podamos tener agua de nuevo, eso es bien difícil de creer, lo que han hecho es quitarle el valor real a nuestra tierra”. Por otra parte, en mayo de 2007 la Conferencia Episcopal dio a conocer su posición de rechazo a la minería, de modo que en ese año comenzaron a sumarse algunos sacerdotes al movimiento. Estos hechos resultaron en el crecimiento de la base social del movimiento y ayudaron a que el presidente Saca, ya en campaña electoral, optara por dejar la decisión sobre tan espinoso asunto a su sucesor.

A pesar que Pacifi Rim suspendió actividades en el año 2008, sus acciones no dejan de tener consecuencias en el departamento de Cabañas, pues dejó un clima de rencor entre sus trabajadores, lo cual se ha traducido en acoso, amenazas y agresiones contra quienes lucharon contra la minera. Los hechos más graves son los asesinatos de tres activistas, el primero de los cuales se dio cuando se cumplía un año de que Pacifi Rim dejó cesantes a decenas o cientos de empleados.

Se sospecha también de los “poderes fácticos” de la zona pues varios de los ataques sugieren motivaciones más amplias, porque van dirigidos al movimiento popular más amplio. La lucha contra la minería fue sintomática de un cambio en la cultura política del Departamento, y eso puede estar generando inquietud en sectores tradicionalmente favorecidos por el estatu quo. Como dijo un habitante de San Isidro: “aquí es nuevo que haya una manifestación en las calles. Nosotros lo hemos iniciado. Aquí antes eso no se veía”. Es posible, entonces, que los poderes tradicionales, sostenidos a base de clientelismo, se sientan amenazados por la aparición de un actor político popular en Cabañas, cuya existencia no era muy clara antes de la lucha contra la minería.

Grito Mesoamericano